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Mariana y el árbol de manzana

Mariana era una chica muy guay. Solo se aburría si le faltaba el wi-fi.

De lunes a viernes era siempre igual: se despertaba, iba a la escuela, y después con sus amigos subía a los árboles y jugaba rayuela. Una horita más tarde, ya no se escuchaba nada, cada uno tomaba su móvil y se ponía de cabeza agachada.

Cuando llegaban las vacaciones, Mariana iba a la granja de su abuelita. A ella le encantaban sus empanadas y la naturaleza pero no había internet. ¡Qué desdicha!

Sin wi-fi y lejos de sus amigas, su abuela la recibió con muchos besos, quesos y golosinas.

Un poco feliz y un poco aburrida salió para explorar la naturaleza y a ver si encontraba alguna actividad divertida.

Caminó por los huertos, trepó en un árbol, pero luego se aburrió y decidió bajar:

- ¡Qué pesado y qué fastidio! ¡Sin mis amigos no puedo jugar!

Siguió caminando y al cruzar un árbol de manzanas rojas, tropezó en algo duro y paró para comprobar que era lo que había debajo de las hojas.

En el suelo, de rodillas, empujó las hojas y los palos hasta que encontró una manija.

Descubrió sorprendentemente una puerta subterránea y pequeña como una ventana. 

- ¿A dónde saldrá eso? (se preguntó muy curiosa Mariana)

Con esfuerzo, abrió la puertita y abajo divisó una escalera. Respiró hondo, sintió un olor de lavanda y lo siguió muy aventurera.

Al llegar abajo con su hallazgo estaba encantada. ¡Qué lugar tan raro en medio de la nada!

Era un rinconcito encantado y escondido repleto de colgantes de flores que adornaban estantes de libros. 

Un rayo de luz del sol que entraba por la puerta de arriba iluminó un librito rojo el cual, decida, Mariana eligió.

En la tapa estaba dibujado un fruto mordido y dorado. Abajo se leía en letras pequeñas: léeme cuando el debido momento haya llegado.

El hogar se oscureció pues el sol ya se iba a descansar, así que el misterioso libro por mañana tendría que esperar.

Entonces Mariana lo tomó en sus manos y se apuró a subir la escalera, le pareció mejor esconderlo bajo el árbol para evitar cualquier pregunta de su abuela.

Fue a cenar tan emocionada que casi no comió la tan anhelada empanada.

Le dio un beso a la abuela y se fue a su habitación, pero casi no podía dormir de todo lo que pasaba en su imaginación.

Al día siguiente, por la mañana, desayunó muy rápido y fue hacia el libro bajo el árbol de manzanas.

Allí se sentó y empezó a leer la historia de una princesa que amaba la librería y de su madrastra vanidosa que a su espejo mágico le preguntaba todo el día: 

  • Espejito, espejito, contéstame por favor: ¿Hay alguien en el reino más bella que yo?

  • Tu eres la más bella del reino entero (respondía el espejo muy certero) 

Hasta que un día, la princesa decidió salir de la librería y empezó a contarle a todas las personas del reino las maravillosas historias que conocía. ¡Fue un éxito fenomenal! A toda la gente le encantaba escucharla y se divertían con los cuentos fantásticos que la chica compartía.

La madrastra, poco quiso saber de lo que su hijastra contaba y volvió a su espejito mágico para hacer la pregunta que le molestaba: 

  • Espejito, espejito, contéstame por favor: ¿Hay alguien en el reino más bella que yo?

Pero esta vez, el espejo sorprendentemente, le contestó desde un punto de vista muy diferente:

  • Las mariposas son bonitas entre las flores pues propagan libertad con sus alas y alegría con sus colores. Ya las flores de los jardines, son pura graciosidad pues a las mariposas les regalan el néctar y las alimentan con generosidad. 

Siendo así, de igual manera, es su hijastra la más bella y en el reino es lisonjera. Pues en los libros encuentra alas para volar y colores para pintar la vida y generosamente comparte las historias de alegría con la gente entristecida.  

La madrastra se puso muy pensativa intentando descifrar el mensaje de su sabio espejo.

  • ¡Si los libros traen más belleza y felicidad que los maquillajes, voy seguir su consejo! 

Fue hacia la librería del castillo y allá le preguntó a su hijastra qué leía muy concentrada:

  • ¿Cariño, me recomiendas un libro? Pues de los selfies al espejo ya estoy cansada.

  • No te preocupes madrastra querida. Hay un libro para cada herida. Así que sugiero que empieces, por “El libro Sagrado de la Vida”:

La madrastra lo tomó en sus manos con mucha curiosidad, se sentó en un sillón y empezó a leerlo con buena voluntad: Era la historia de una chica y un chico que juntos vivían y cuidaban de un bello jardín escondido donde estaba el árbol del conocimiento con unos frutos prohibidos. A la chica no le pareció justo que el conocimiento fuera algo restringido, por eso del árbol sacó dos manzanas: una para sí mismo y la otra la ofreció a su amigo. ¡Él le agradeció mucho por su coraje e iniciativa y desde entonces siguen chicos y chicas descubriendo y disfrutando de la vida!

Al final de la lectura, la madrastra aprendió tantas cosas con el cuento que quiso leer uno más, después otro y cuando percibió, ¡los libros eran su mejor pasatiempo! 

Y se puso tan, pero tan  emocionada con el universo del conocimiento a su favor, que para agradecerle a la generosa princesa le ofreció una manzana del amor.

Ahora, eran reina y princesa las mejores amigas en el castillo, que compartían con todos del reino la magia encantada de los libros.

  • ¡Mariana, Mariana! (Gritó la abuela desde la ventana)

Bajo el árbol de manzanas, la chica estaba tan encantada con el cuento que leía, que ni percibió que el sol ya se ponía. 

Así que todos los días, por las tardes iba al sótano encantado y un libro nuevo elegía. Ya por las mañanas, bajo el árbol de manzanas, con mucho gusto los leía. Y de tantas historias fantásticas que conocía, del  internet ni se acordaba más que existía. 

Hasta que llegó su último día de vacaciones y del árbol donde leía su libro intensamente, se cayó una inesperada manzana que le despertó una idea muy pertinente:

  • Me pongo muy contenta en la compañía de los libros, ¡pero aún mejor será compartirlos con mis amigos!

Entonces, tomó el fruto caído en sus manos, lo miró con novedad y le llamó cariñosamente de “la manzana de la amistad”.

Y libre como una mariposa salió corriendo entre las flores. Ansiosa por compartir sus historias  de aventuras, ciencias, fantasías y amores.

Pues los amigos comparten de todo: lo que piensan y lo que sienten. Y los que comparten lo que saben son los que aprenden verdaderamente.

Que el fruto de la amistad se salga de tu memoria y a quien toque la manzana que nos cuente una historia.

 





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